domingo, 29 de enero de 2012

Something To Remember: Una reseña a los previos del D.W.T. 2001

Una década después de su unica visita a España, la super diva regresa a nuestro
pais para inaugurar su esperada gira mundial, The Drowned World Tour,
con dos conciertos en Barcelona. Por supuesto, ya no quedan entradas y el fervor popular
amenaza con romper todos los termómetros.

Veinte años de materialismo pop.

Por: Rafa Rodriguez.
Para: La Luna, Suplemento de El Mundo.es

Viernes, 8 de junio del 2001

La zorra ha vuelto. «Si la gente sigue empeñada en verme ya sólo como madre, ¡que les jodan! Mi corazón es el de una hija adolescente y muy rebelde». Declaración de intenciones: Madonna está en pie de guerra. Echa un flan, eso sí, se ha metido p’al cuerpo sesiones intensivas de yoga, ha consultado con su filósofo particular (el gurú hace tiempo que no se estila), ha calculado sus compromisos familiares y le han salido las cuentas: toca montar el pollo, volver a ponerse el mundo por montera (bueno, sombrero de cowboy de luxe). En cualquier caso, nada del otro jueves para alguien que no ha tenido reparos en autoproclamarse «zorra del pop», ejemplarizante definición que aúna marketing empresarial —ella misma es su propio negocio— y sentido desprejuiciado de la vida.

Dice la leyenda que cuando Madonna Louise Veronica Ciccone se plantó en la neoyorquina Times Square, en 1978, tenía 35 dólares y abundante ambición en el bolsillo. Hoy, la señora de Guy Ritchie ocupa el sexto lugar en la lista de los artistas más acaudalados de Gran Bretaña (donde ha fijado su residencia por amor), con una fortuna estimada en 500 millones de libras. Eso, y más ambición que nunca. La prueba: una nueva y apabullante gira mundial tras ocho años en secano escénico, ella, que ya no tiene necesidad alguna de demostrar nada a nadie. Bueno, quizá a sí misma. «¿Puedo hacerlo? ¿Podré realmente hacerlo?», 
asegura que se repite una y otra vez a manera de mantra desde que se anunció el acontecimiento, a principios de este año. «No quiero repetirme. No le encuentro el punto a montar un show a menos que vayas a ofrecer algo que de verdad sobresalte la mente y los sentidos. No es suficiente subirse a un escenario e interpretar una canción. Se trata de teatro y de drama, de sorpresa y suspense. Así que en eso ando, pero estoy también muy nerviosa. Es un gran compromiso, y encima ahora tengo dos críos», le contaba a su amiguita Ingrid Sischy en el número de marzo pasado de la revista Interview. Valiente declaración de vanidad.

En el fondo, Madge necesita un multitudinario baño de ego, un nena-tu-sigues-valiendo-mucho, que ya van a ser 43 años el próximo 16 de agosto, las carnes comienzan a descolgarse, tiene a Britney Spears pisándole los talones y, horror, en lugar de Material Girl las lenguas de doble filo empiezan a llamarla Material Mom. Un tour mastodóntico y apabullante no sólo le devuelve el contacto directo con sus muchos fans, también le proporciona ese hype mediático más allá de la carnaza rosa de los últimos tiempos de bodas, embarazos y bautizos. Este sábado, a eso de las 21.30 h., todo el mundo volverá a estar pendiente de ella, tendrá su hueco en los telediarios, y no porque vaya a protagonizar otro escándalo (bueno, eso ya se verá). La oportunidad se la ha puesto en bandeja Music, su último álbum, del que ha vendido 10 millones de copias y que le ha dado ese barniz de inmediatez contemporánea ansiado por cualquier veterano de pro (¿o no, David Bowie?). Cierto que el anterior, el no menos exitoso Ray of Light (1998), fue el disco de su verdadera reinvención, el de la soprendente aparición de Veronica Electronica —hoy su alias favorito—, máquina de apisonar tendencias rítmicas de última hora, pero a la diva le resultaba demasiado «introspectivo» (sic) para airearlo y, además, aún le dolían los puntos del parto de Lourdes Maria.

Causando conmoción. Para el caso, esta calculadísima jugada viene apoyada por una serie de salvas de artillería pesada que incluyen una nueva edición, ampliada y limitada, de Music, con varias remezclas de los singles extraidos hasta la fecha (el que titula el CD, a cargo Deep Dish y Hex Hector; Don’t Tell Me, tratado por el rey del swoosh Timo Maas y por Tracey Young, y What It Feels Like for a Girl, en clave deep trance por Paul Oakenfold más una terrible versión en español y una pista con el violento vídeo dirigido por su maridito), y la publicación de sus tres primeros álbumes, Madonna, Like a Virgin y True Blue, remasterizados digitalmente y con un par de bonus tracks en forma de remixes de la época.


Precisamente, el otro puntal de semejante fiebre madonnil responde a una suerte de confabulación de la moda, que la ha convertido en tendencia de temporada. De un lado tenemos la sobrexposición de su look de vaquera rhinestone, adaptado para ella el año pasado por Dolce & Gabbana (supuestos autores del vestuario de la nueva gira, aunque también se rumorea que Jean Paul Gaultier ha vuelto a meter su aguja) y explotado este verano por una recua que va de Moschino a la petarda de Roberto Cavalli, tanto, que ya da naúseas. De otro, está la reivindicación fashionista de su momento megachacho circa 1982 (cuando iba de la mano de John Jellybean Benitez y con un espantoso cinturón apretando su opulencia en cuya hebilla se leía «Toy boy»), ese azote de faldas sobre leggins, tops de red, mitones de encaje hasta los codos, bandanas, brasserie (nada que ver con asador churrasco, sino con lencería tipo abuela) y quincallería no precisamente fina. Una causa directa del furor revivalista ochentero que también se siente en el terreno musical: ¿adivinan cuál es, 20 años después, la canción que más mola de Madonna ahora mismo? Holiday, claro.


La diva la cantó en los, ejem, «conciertos íntimos» de Nueva York y Londres que adelantaron el tour en noviembre del año pasado y, tal y como está el patio, se prevé su inclusión estelar en el nuevo show. Por lo demás, poco o nada se sabe de él, aparte de que trae un batallón de bailarines (seleccionados en una superaudición en la Gran Manzana hace un par de meses), que vuelve a contar en los coros con Niki Haris y Donna DeLory y que se ha agenciado como bajista a Jacques Lu Cont (Les Rhytmes Digitales, Zoot Woman) y como teclista, dicen, al mismísimo William Orbit. En fin, tan tremendo es el escenario que este miércoles ya comenzó a montarse en el barcelonés Palau Sant Jordi (honrado con el pistoletazo de salida del tour tras caerse del cartel por «causas técnicas» los dos conciertos inaugurales de Colonia). Ella, la más pelleja, ya lo hemos dicho alguna vez, vive temporalmente entre nosotros desde el lunes, apartada de todas las miradas en una estupenda casa en algún rincón de la Costa Brava. Allí irá directamente en cuanto termine su actuación del sábado. Qué poco material.

Madonna actúa el día 9 de junio y el día 10, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Las nueva edición de «Music» y las versiones digitalmente remasterizadas de «Madonna», «Like a Virgin» y «True Blue», ya a la venta.

sábado, 28 de enero de 2012

No lo tolero, no lo soporto: El Metropolitano

Probablemente al leer este post consideres que soy un amargado por que el mundo no es como espero que sea, pero nada mas lejos de la realidad. Solo que en mi, tal vez, particular modo de ser me encanta ir de paseo, a explorar esos sentimientos que anidan en el lado oscuro, ese que llevamos muy escondido todos los seres humanos y que no siempre osamos visitar...



Como alguno de ustedes sabe, trabajo en el Cercado de Lima y vivo en Barranco, en la parte menos bonita de Barranco, para evitar habladurías. En fin, para ir a mi centro de labores, me es necesario pasar por el vía crucis diario de viajar en el metropolitano.

Seamos objetivos, el servicio en si es bueno, es rápido, es mejor que viajar en combi por cualquier vía alterna que me tomaría el doble de tiempo y me genere el triple de estrés. Así que para ser exactos, no es que deteste viajar en el metropolitano, realmente detesto a ciertas clases de personas que lo abordan, a quienes describiré a continuación:

Los ancianos y embarazadas: No les ha pasado que a pesar de no estar ocupando uno de los asientos reservados hay ancianos, ancianas, embarazadas acompañados de sus aun mas embarazados esposos, cónyuges, convivientes o lo que fueran plantándose en frente suyo, reclamando indirectamente la atención de cederles el asiento. Me ha pasado y corriendo el riesgo de ser catalogado como un mal educado troglodita, no lo hago. No lo hago simplemente por que me tomo la molestia de abordar un bus vacío y como si fuera poco busco alejarme lo mas que puedo de los asientos rojos. Siento que con ello ya contribuí con mi deber cívico y tuve consideración para aquellos pasajeros que si necesitan del asiento reservado. Ademas si llegara a esa edad, trataría de movilizarme en taxi o tener mi propio auto.

El pasajero desaseado: Este tipo de pasajero(a), en mi opinión, es lo peor, lo máximo de lo peor, si yo fuera jefe de estación del metropolitano le pediría la tarjeta y la haría pedacitos en su cara. No sin antes recordarle que el el jabón, la pasta dental y el desodorante ya han sido inventados y no son nada caros. Y que una sesión de aseo personal no toma mas de 10 minutos. De esta categoría no se salvan aquellos idiotas que llevan larga y, para colmo de males, sucia la uña del dedo meñique. No me malinterpreten, uno con su cuerpo es libre de dejarse las uñas tan largas y sucias como se le antoje, pero no tienes por que permitirme el desagrado de contemplarla, por que si para alguno ese detalle puede hacer que se sienta particularmente especial, a los demás nos provoca devolver el desayuno y la cena, el almuerzo y el desayuno del día anterior.

La chica hot: No le dedicare muchas lineas a esta clase de pasajero. O sea, ¿Debo cederte el asiento por que tienes cara de zorra y vagina?

La pareja calentona: He visto, y no exagero, parejas besándose dentro del bus y no esta mal, puedo tolerar un pico, un beso relativamente largo, pero ver esos besos con lengua y manoseada de trasero incluida, no. Ahora, no voy a negar que este tipo de situación, mas que molestarme me divierte. Me divierte por que uno se da cuenta de que con la excusa del amor, la atracción, la calentura, o lo que fuera la gente no tiene vergüenza y no le importa quedar como patética o huachafa y lo mejor de todo, lo que hace que me regodee en mi horror es que de unas diez parejitas de esas, ocho no saben besar!!!

Y para terminar, detesto los mensajes a la conciencia que ponen de cuando en cuando, de la propia voz de nuestra burgomaestre buena para nada, la mismísima Susana Villaran, oír sus promesas y observaciones de como marcha la ciudad a estas alturas ya no me da coraje, me da vergüenza ajena. Preferiría escuchar esa tonta canción brasilera que pasan hasta en la sopa y cuyo nombre gracias a Dios no recuerdo.






viernes, 27 de enero de 2012

Lo que en realidad mueve al mundo

¿Es el amor lo que mueve al mundo, o nuestro miedo a estar solos?

El amor, aquel sentimiento capaz de hacer que dos personas perfectamente desconocidas puedas rescatar lo mejor de sus mundos para convertirlos en uno solo, aquel sentimiento que es capaz de hacer que nos pongamos en un segundo lugar para lograr la satisfacción de la persona, obviamente amada. Todo es maravilloso cuando el ser amado esta con nosotros, cuando come con nosotros, despierta con nosotros, duerme con nosotros, se duerme, ríe, llora, y piensa todo el tiempo en nosotros. ¿Pero que sucede cuando el amor se acaba? ¿Que sucede cuando el amor que se siente no es correspondido? ¿Se puede recuperar algo de lo que diste al darte cuenta de que la persona amada lamentablemente no fue la correcta?

Luego de finalizar una relación amorosa, o de darnos cuenta de que quien nos atrae no es la persona correcta, o tras cualquier tipo de desilusión sentimental siempre hay dos alternativas: O nos sumergimos en la mas profunda depresión a tal punto que nos convertimos en protagonista de baladas cursis, o hacemos los esfuerzos mas alucinantes para intentar demostrar que hemos salido vivos de semejante tropiezo emocional, claro, eso sin importar a cuantas personas se tenga que atropellar en el camino, sin darnos cuenta que a la larga nos atropellarnos a nosotros mismos.

En mi humilde opinión formada con el paso del tiempo, he llegado a concluir que la mejor forma de afrontar una situación de post-rompimiento o post-desilusión es viviendo lo feo del sentimiento como se debe, es decir aceptando la realidad, puedes acompañarte de amigos, de alcohol, de dulces, pero siempre asumiendo que se trata de una temporada de tu vida que se cerro por el simple hecho de que llego a su fin, o por que simple y llanamente te fijaste en la persona equivocada y no queda otra que decir next.

Tal vez no nos meteríamos en tantos problemas si no idealizáramos tanto al amor como lo hacemos hoy en día... Dado a que definitivamente el amor, al menos el de pareja, no es el que mueve al mundo.